Máximo Díaz de Quijano

Máximo Díaz de Quijano y su capricho

El señor Quijano era un indiano que había vuelto enriquecido de América y deseaba retirarse en la localidad. Debido a esto, encargó una casa peculiar que le convirtiese en el protagonista absoluto entre la flor y nata de Comillas.

Abogado de profesión, en Cuba se hizo cargo de los asuntos legales de Antonio López y López, al cual le unía una relación laboral, pero también lazos familiares, ya que Benita, hermana de Máximo, estaba casada con Claudio, hermano del marqués. Este parentesco entre Máximo y Antonio explica que El Capricho, cuyo nombre real es Villa Quijano, esté tan cerca del Palacio de Sobrellano.

Pero Máximo no era solamente abogado: era un excelente pianista y compositor, así como también había hecho sus pinitos en el periodismo y la política. Por si fuera poco, era un enamorado de la botánica y Gaudí supo plasmar todas estas vertientes en el edificio, dando lugar a todo un capricho para su dueño.

Una vez fallecido Máximo, siendo soltero y no teniendo descendencia, la propiedad pasó a manos de su hermana Benita que, al disponer de su propia vivienda en la villa, legó el edificio a su hijo Santiago y este a sus correspondientes herederos.