Villa Quijano – El Capricho

Una obra manifiesto fuera de Cataluña

El Capricho de Gaudí (1883-1885) es una de las pocas obras del arquitecto que podemos disfrutar fuera de Cataluña y, además, es también una de sus obras más antiguas junto a la Casa Vicens de Barcelona. De hecho, junto a esta última y con los Pabellones de la Finca Güell, forman el trío de obras manifiesto del arquitecto.

El Capricho es una obra en la cual Gaudí planteó lo que para él era la casa ideal. Responde a un estudio perfecto de los espacios, los usos, el clima… Y la integró perfectamente en su entorno y en los gustos y necesidades del promotor, pues si Gaudí solía hacer obras a medida, en el caso que nos ocupa lo llevó a su máxima expresión.

Villa Quijano y el paso de los años

Los herederos que a lo largo de los años fueron ocupando la casa, hicieron numerosos cambios decorativos y de distribución, adaptando la casa de un soltero al uso de una familia de la época. Sin duda alguna, el cambio más llamativo fue la eliminación del invernadero original para así crear más habitaciones.

Con los años, la casa cayó en desuso, empezó a ser alquilada a otras familias y, finalmente, fue prácticamente abandonada a su suerte. El paso del tiempo y la falta de cuidado hicieron estragos, llegando a estar el edificio en un estado deplorable.

Afortunadamente, en 1969 el edificio se declaró Bien de Interés Cultural y, tras un cambió de propiedad, entre 1987 y 1988 se llevaron a cabo unos intensos trabajos de restauración, recuperando el aspecto inicial y levantando el invernadero actual como una interpretación de como fue el original.

Una vez rehabilitado, entre 1989 y 2009 el edificio funcionó como restaurante, siendo muy recordado incluso hoy en día. Pero eso no era lo más respetuoso para un patrimonio como este, así que los propietarios actuales vieron imperioso hacer un cambio.

El Capricho de Gaudí: Hoy

En 2010 el recinto reabrió como una casa-museo, buscando conseguir dos objetivos: por un lado, lograr una conservación mejor del propio edificio, respetando lo máximo posible a la propia casa y, por el otro, permitir que los visitantes puedan conocer de un modo más profundo la genialidad que esconde esta construcción.

Pero El Capricho no es solo un monumento visitable todo el año, también es un equipo humano que trabaja día a día para investigar, proteger y compartir este legado único. Por eso nos gusta agradecer a cada visitante su paso por el museo, ya que, sin su ayuda económica, nada de esto sería posible.